Y la hierba creció, y protegió del viento a mis Pinot, y de la erosión a la tierra en la que viven.
Y al caer la tarde, todo volvió a respirar, y mis Pinot siguieron su crecimiento gracias a la mano del hombre...
Y a mi desbrozadora, claro...
Y al caer la tarde, todo volvió a respirar, y mis Pinot siguieron su crecimiento gracias a la mano del hombre...
Y a mi desbrozadora, claro...
Y un angel entró en el viñedo a oler la primavera...
Mis dos florecillas se sentaron junto a mí, y nos despedimos del sol, que de nuevo mañana permitirá rebrotar la vida.

Luego ha llegado una visita muy grata. Mi mujer, Paqui con mis dos hijas, Lucía y Daniela, la pequeña.
A la hora de irnos, nos comimos unas fresas del huerto de mi padre.

